Ana Mendieta

Movimiento
Arte Contemporáneo
Periodo
1948–1985
Nacionalidad
Cuban-American
En el quiz
9 cuadros
Untitled (Blood Sign) by Ana Mendieta (1974)
Silueta de hierba by Ana Mendieta (1979)
Silueta en fuego by Ana Mendieta (1975)
Untitled (Facial Hair Transplant) by Ana Mendieta (1972)
Silueta de arena by Ana Mendieta (1978)
Guanaroca (First Woman) by Ana Mendieta (1981)

Estilo y técnica

La obra de Mendieta gira casi por completo en torno a la relación entre un cuerpo y un paisaje — entre un yo y la tierra que lo acoge. En la Serie Silueta (Silhouette), que desarrolló a partir de 1973 y que constituye el núcleo de su práctica, presionaba su propio cuerpo contra el barro, la arena, la hierba o la nieve; disponía flores o fuego alrededor de su forma; tallaba el contorno en la tierra; y luego fotografiaba y filmaba el resultado. Lo que queda después de que el cuerpo se retira es una ausencia humana con la forma exacta de una presencia humana.

La silueta es la idea formal central: el cuerpo como medida, como huella, como herida en el paisaje. Las huellas que dejaba nunca eran permanentes — las borraba la lluvia, las consumía el fuego, las absorbía la tierra. Las documentaba obsesivamente en fotografías y en película Super 8, que son hoy la forma primaria en que la obra existe. La efimeralidad no es accidental sino esencial: la obra insiste en que la relación del cuerpo con la tierra es temporal y, por ello, preciosa.

Sus fuentes eran múltiples y explícitas: reconocía la tradición religiosa afrocubana de la Santería, con su comprensión del cuerpo como sede de fuerza espiritual y su conexión con la tierra a través de ofrendas y rituales. También bebía de las culturas precolombinas, del arte corporal feminista y de su propia experiencia como exiliada — una mujer cubana en Estados Unidos, separada de su patria y buscando la manera de hacer que su cuerpo perteneciera a la tierra sobre la que estaba.

Cuatro señas de identidad: el negativo del cuerpo como forma visual primaria — la forma que queda después de que el cuerpo se retira, los materiales naturales — tierra, hierba, fuego, agua, flores — como medio en lugar de pintura o arcilla, la referencia espiritual afrocubana tejida en las imágenes sin ser ilustrativa, y el cuerpo femenino como sujeto e instrumento de la obra a la vez, nunca cosificado sino siempre activo.

Vida y legado

Mendieta nació el 18 de noviembre de 1948 en La Habana, Cuba, en el seno de una familia acomodada que se oponía al gobierno de Castro. En 1961, cuando tenía doce años, sus padres la enviaron a ella y a su hermana Raquelin a Estados Unidos a través de la Operación Peter Pan — el programa patrocinado por Estados Unidos que sacaba a niños de Cuba para ser criados por organizaciones caritativas católicas estadounidenses. No volvería a ver a sus padres durante varios años y nunca regresaría plenamente a Cuba.

Fue colocada en una serie de hogares de acogida e instituciones en Iowa, una transición desde La Habana hasta el Medio Oeste estadounidense que describió posteriormente como una experiencia formativa de desplazamiento y alienación. Finalmente estudió en la Universidad de Iowa, donde se matriculó en el programa de MFA en arte intermedia bajo la dirección de Hans Breder. El programa de Iowa era uno de los pocos en Estados Unidos a principios de los años setenta que tomaba en serio las nuevas prácticas de performance y arte conceptual que estaban emergiendo, y Mendieta trabajó en ese contexto con gran intensidad.

La Serie Silueta comenzó en 1973. A lo largo de la siguiente década realizó más de doscientas obras silueta en lugares de Iowa, México y Cuba — cuando pudo regresar — presionando, tallando, disponiendo, quemando e inundando el paisaje con la forma de su propio cuerpo. Las obras quedaron documentadas en fotografías y en película Super 8.

Se mudó a Nueva York tras terminar su carrera y empezó a recibir un reconocimiento serio en el mundo del arte. En 1983 obtuvo una beca del Premio de Roma, que la llevó a Italia durante dos años. En Roma comenzó a realizar obras escultóricas — figuras talladas en piedra — que apuntaban hacia una nueva dirección en su práctica.

Su influencia en el arte posterior — en particular en el arte corporal, la práctica feminista y la intersección entre identidad y paisaje — ha sido inmensa y sigue creciendo.